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Animals Academy

Retiro intermitente de los premios

Aplicando el sistema tragaperras

En la educación de nuestras mascotas se pueden utilizar los premios para enseñar positivamente. Hacen la experiencia mejor para todos y facilitan la comprensión de lo que pedimos.

Pero todo tiene sus desventajas. De hecho, es peligroso abusar de los premios. Pueden acabar teniendo el mismo efecto que en un niño consentido.

Una vez una orden se ha enseñado correctamente, es importante saber cómo dejar de premiar. Evitaremos dejarnos un dineral y el perro no perderá el interés en obedecer.

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Sin comida en la mano

Si has acostumbrado a tu perro a hacerte caso sólo cuando tienes un premio en la mano, lo estás haciendo mal. Pero tiene solución. Habrá que demostrarle al perro que recibirá diferentes tipos de premio aparte del clásico trocito de comida.

Una vez apliques un sistema de adiestramiento con premios como el que encontrarás en este artículo.

Enséñale el premio, guárdalo en tu bolsillo y haz el ejercicio, premiándole si lo hace bien. El perro al principio no lo entenderá. Creerá que sólo lo premiarás si ve la comida. Es posible que, por probar, acabe obedeciendo, y será cuando aprenda a hacer lo que quieres sin necesidad de ir cargado de premios todo el día.

También puedes intentar substituir el trozo de comida por algún juguete, caricias u otros tipos de premio que no conlleven empachar al pobre animal.

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Cuando estamos retirando el premio, hay mucha gente que se suele preguntar lo siguiente:

¿Si el perro disfruta, porqué dejar de darle premios?

Si por cada cosa que hicieras te dieran un premio perderías la motivación. Un estudio sobre jugadores de tragaperras lo ilustra muy bien:

Se puso a dos grupos diferentes de jugadores a jugar con máquinas tragaperras. En unas el premio era aleatorio, en otras el premio era siempre el mismo.

Los jugadores que recibieron premios en cada una de sus tiradas fueron perdiendo el interés, mientras que los que conseguían premios de forma aleatoria vieron cómo cada vez tenían más ganas de seguir jugando.

La incertidumbre es atractiva

La motivación ancestral de la comida y a la vez el no saber si podremos encontrarla, hizo que nuestros antepasados estuvieran más impulsados a salir a por ella. Esto nos ayudó a sobrevivir con la caza y la recolecta.

Algo muy parecido ha pasado con la mayoría de animales domésticos. Sobretodo, teniendo en cuenta que sus vidas ya son de por sí suficiente monótonas como para ahora hacerlas más predecibles.

Aplicado a la psicología canina; si a un perro le dieras una chuchería cada vez que hace algo bien, perdería su efecto. La motivación decaería porque sabría que puede tener esa golosina siempre que quiera.

Para darles calidad de vida a nuestras mascotas, no debemos malcriarlas. Si queremos premiarlos, que sea a modo de sorpresa en momentos puntuales.

El estilo tragaperras

Hay estilos comprobados que sirven para hacer desaparecer el premio. Pero muchos fracasan cuando son aplicados en la vida diaria, en la que somos tan inconsistentes la mayoría del tiempo. La mayoría de nosotros no somos educadores caninos, ni necesitamos serlo para obtener resultados

Recordando su utilidad, debemos vernos a nosotros mismos como a una máquina tragaperras. Premiaremos de forma aleatoria, aprovechando nuestra inconsistencia natural.

Cada vez que nuestra mascota haga algo bien, nos imaginaremos que estará tirando de la “palanca” de premios aleatorios. Las posibilidades serán:

  • El gran premio → un trozo de queso, o salir a pasear
  • Un premio aceptable → una golosina
  • Un premio mediocre → una felicitación y unas caricias
  • Ningún premio en absoluto → nos hacemos los despistados o no reaccionamos

El premio nulo se hará solo, lo haremos sin querer muchas veces. Bien por estar distraídos o por estar cansados.

Puede que estemos paseando al perro y le pidamos que se siente justo cuando vemos venir a un vecino. El perro se sentará, y si el vecino está ya muy cerca no nos dará tiempo de premiar al perro. El perro se quedará sin premio.

Eso podrá hacer que la próxima vez dude más antes de sentarse, pero garantizará la incertidumbre adictiva que queremos crear. Será un juego interesante.

Conclusión

Tal y como es importante educar positivamente, también es importante que esto no nos convierta en el dispensador de premios particular de nuestra mascota.

Volvernos previsibles no nos hará más interesantes. Los premios tienen sentido si son inesperados y variados. Y al final, algunas de las cosas que los perros aprecian más no son las golosinas sino el juego o salir a pasear.

Recordemos que no intentamos manipular a nuestras mascotas. Con los premios logramos comunicarles qué queremos. Y más tarde hacemos que eso no juegue en nuestra contra.

Este no es mi sistema favorito.

Durante el aprendizaje recomiendo siempre acompañar los premios con caricias y mimos. Que los perros nos vean a nosotros como el mejor premio es lo mejor.

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Nick Gutiérrez